Argumentos frente a temores y prejuicios
Saber de algunas opiniones sobre el Dictamen de Ley de la Medicina Tradicional y de sus Agentes, demuestra las equivocadas conclusiones a las que se puede llegar si se parte de una revisión superficial del tema y se le agregan prejuicios y temores impregnados de particulares concepciones políticas e ideológicas. Creo que es oportuna una mayor explicación y un poco más de tiempo para entender el sentido del dictamen, ello me motiva a volver sobre los argumentos de quienes sí estamos de acuerdo con el contenido del dictamen aprobado en la Comisión de Salud.
La iniciativa de la congresista Supa devino en el dictamen elaborado por la Secretaría Técnica de la Comisión que presido, para lo cual se han tomado en cuenta la opinión de la OMS y las diversas opiniones de las instituciones más importantes del país y en especial la recomendación del informe 134 de la Defensoría del Pueblo, que propone establecer “un sistema de acreditación de los agentes tradicionales de salud, que garantice y los haga partícipes de las estrategias del Sector”.
La Ley (si se aprueba en el pleno) no manda ni insinúa que empíricos sean asimilados a los galenos o que los chamanes tengan status de médicos públicos. Tampoco busca reemplazar a ginecólogos por comadronas y mucho menos que ciertos procedimientos como pasar el huevo o el cuy desplacen a la medicina académica o científica en la atención en servicios hospitalarios o en la estrategia de lucha contra una pandemia de etiología viral como la Nueva Influenza tipo A H1N1. Esas son ideas que caricaturizan al dictamen pero que no figuran en el mismo.
El reconocimiento de la medicina tradicional está en la Ley General de Salud, artículo XVII del Título preliminar que establece: “la promoción de la medicina tradicional es de interés y atención preferente del Estado”. La Organización Mundial de la Salud también alienta “reconocer la importante contribución que determinadas formas de Medicina Tradicional pueden hacer para mejorar y mantener la salud”.
Legislamos sobre la realidad, con la ilusión de lograr un Perú mejor, democrático, libre, justo, equitativo, próspero y con paz social sin amenazas. La realidad la debemos aceptar...!existe!...y en nuestra realidad existe la práctica de lo que denominamos medicina tradicional. Parteras, hueseros, curanderos y hierberos son el referente para la salud en comunidades con una cultura ancestral distinta a la predominante, especialmente en lugares alejados de nuestro país donde no llegan técnicos ni profesionales de la salud y mucho menos ginecólogos. Si estos llegaran a aquellos lugares nuestros indicadores de muerte materna dejarían de golpearnos en la conciencia al punto de sentir vergüenza frente a indicadores nuestros vecinos del sur o del Caribe.
El concepto filosófico de “alteridad”, descubrimiento que el yo hace del otro, entendido como la idea de ver al otro no desde una perspectiva propia, sino teniendo en cuenta creencias y conocimientos propios del otro, debe ser considerado. Culturas originarias distintas a la nuestra, que han sobrevivido y desarrollado a lo largo del tiempo tienen algo que mostrar, investiguemos, conozcámoslos, iniciemos registrando a los agentes de la medicina tradicional, para evitar charlatanes, impostores, traficantes de la ignorancia, pero además, una vez identificados interactuemos con ellos, fortalezcamos el enfoque intercultural, contribuyamos a reafirmar o mejorar sus procedimientos favorables para la salud y también a evitar lo que científicamente fuera demostrado como dañino, negativo, desfavorable, riesgoso o inapropiado. Incluir a los agentes de la medicina tradicional en el Sistema Nacional de Salud también permitirá implementar estrategias del sector a través de ellos para beneficio de todos los peruanos.
Es importante descubrir al otro, conocerlo aunque sea distinto, es imperativo que el Estado lo haga para reconocerse como pluricultural, como inclusivo, pero sobre todo como unitario y democrático.
LUIS WILSON UGARTE
PRESIDENTE DE LA COMISIÓN DE SALUD
CONGRESO DE LA REPÚBLICA
Saber de algunas opiniones sobre el Dictamen de Ley de la Medicina Tradicional y de sus Agentes, demuestra las equivocadas conclusiones a las que se puede llegar si se parte de una revisión superficial del tema y se le agregan prejuicios y temores impregnados de particulares concepciones políticas e ideológicas. Creo que es oportuna una mayor explicación y un poco más de tiempo para entender el sentido del dictamen, ello me motiva a volver sobre los argumentos de quienes sí estamos de acuerdo con el contenido del dictamen aprobado en la Comisión de Salud.
La iniciativa de la congresista Supa devino en el dictamen elaborado por la Secretaría Técnica de la Comisión que presido, para lo cual se han tomado en cuenta la opinión de la OMS y las diversas opiniones de las instituciones más importantes del país y en especial la recomendación del informe 134 de la Defensoría del Pueblo, que propone establecer “un sistema de acreditación de los agentes tradicionales de salud, que garantice y los haga partícipes de las estrategias del Sector”.
La Ley (si se aprueba en el pleno) no manda ni insinúa que empíricos sean asimilados a los galenos o que los chamanes tengan status de médicos públicos. Tampoco busca reemplazar a ginecólogos por comadronas y mucho menos que ciertos procedimientos como pasar el huevo o el cuy desplacen a la medicina académica o científica en la atención en servicios hospitalarios o en la estrategia de lucha contra una pandemia de etiología viral como la Nueva Influenza tipo A H1N1. Esas son ideas que caricaturizan al dictamen pero que no figuran en el mismo.
El reconocimiento de la medicina tradicional está en la Ley General de Salud, artículo XVII del Título preliminar que establece: “la promoción de la medicina tradicional es de interés y atención preferente del Estado”. La Organización Mundial de la Salud también alienta “reconocer la importante contribución que determinadas formas de Medicina Tradicional pueden hacer para mejorar y mantener la salud”.
Legislamos sobre la realidad, con la ilusión de lograr un Perú mejor, democrático, libre, justo, equitativo, próspero y con paz social sin amenazas. La realidad la debemos aceptar...!existe!...y en nuestra realidad existe la práctica de lo que denominamos medicina tradicional. Parteras, hueseros, curanderos y hierberos son el referente para la salud en comunidades con una cultura ancestral distinta a la predominante, especialmente en lugares alejados de nuestro país donde no llegan técnicos ni profesionales de la salud y mucho menos ginecólogos. Si estos llegaran a aquellos lugares nuestros indicadores de muerte materna dejarían de golpearnos en la conciencia al punto de sentir vergüenza frente a indicadores nuestros vecinos del sur o del Caribe.
El concepto filosófico de “alteridad”, descubrimiento que el yo hace del otro, entendido como la idea de ver al otro no desde una perspectiva propia, sino teniendo en cuenta creencias y conocimientos propios del otro, debe ser considerado. Culturas originarias distintas a la nuestra, que han sobrevivido y desarrollado a lo largo del tiempo tienen algo que mostrar, investiguemos, conozcámoslos, iniciemos registrando a los agentes de la medicina tradicional, para evitar charlatanes, impostores, traficantes de la ignorancia, pero además, una vez identificados interactuemos con ellos, fortalezcamos el enfoque intercultural, contribuyamos a reafirmar o mejorar sus procedimientos favorables para la salud y también a evitar lo que científicamente fuera demostrado como dañino, negativo, desfavorable, riesgoso o inapropiado. Incluir a los agentes de la medicina tradicional en el Sistema Nacional de Salud también permitirá implementar estrategias del sector a través de ellos para beneficio de todos los peruanos.
Es importante descubrir al otro, conocerlo aunque sea distinto, es imperativo que el Estado lo haga para reconocerse como pluricultural, como inclusivo, pero sobre todo como unitario y democrático.
LUIS WILSON UGARTE
PRESIDENTE DE LA COMISIÓN DE SALUD
CONGRESO DE LA REPÚBLICA
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